N°1135: TURCO LA CAPITAL DE LA GANADERÍA CAMÉLIDA DE BOLIVIA, AMENAZADA POR LA ACTIVIDAD MINERA

A solicitud de la Asociación de Regantes Khoiri, el sábado 7 de septiembre de 2025, se llevó a cabo una visita a la comunidad de Huallatiri (Turaquiri) del Ayllu Pata Collana del municipio de Turco, ubicada aproximadamente a 30 kilómetros hacia el sud desde la capital Turco. Esta inspección fue encabezada por las Autoridades Originarias del Ayllu Sullka Pumiri y su corregidor auxiliar; autoridades electas para la gestión 2026, miembros de la Asociación de Regantes Khoiri y técnicos del Centro de Ecología y Pueblos Andinos (CEPA). Con el objetivo de constatar la presencia de actividades mineras en la zona ganadera.

La serranía de Huallatiri, más conocida como “Suni” (cerros altos), es una región montañosa estratégica por sus inmensos bofedales y ojos de agua, además de su riqueza en diversidad de especies nativas como la yareta, el iru ichu, la ñaka thola, la supu thola, bosquesillos de imponentes queñuas, así como kanlli quisca, añahuaya y otras, que albergan otras tantas especies de aves, mamíferos pequeños e insectos.

Una inspección con hallazgos preocupantes

El informe de CEPA y los testimonios de comunarios confirman que el municipio de Turco concentra varias operaciones mineras en actividad. Entre las más destacadas están Cuprita I y II, que desde hace años exportan láminas de cobre en grandes cantidades. También operan las minas Leonardo, Leonardito y Fenorita, ligadas a capitales chinos, así como la explotación de Azurita, la mina de Azufre en Chachacomani y otras.

En el caso de Huallatiri, antiguamente esta mina se llamaba Turaquiri, su historia se remonta a la época colonial, cuando trabajaban en la mina extrayendo minerales, hasta que fueron abandonadas. En los años 80 ingresaron varias empresas en la zona, como la COMSUR, que comenzó a trabajar alrededor de 1987 y permaneció unos 3 o 4 años. Gran parte de la concesión era de ellos.

En el recorrido se constató la presencia de una antigua mina colonial llamada San José. De acuerdo a la información de los comunarios, cuenta con cuadros trabajados de donde filtra el agua. Fue abandonada porque murieron varios trabajadores al inundarse. En el mismo sector, hacia arriba, se puede advertir una bocamina reciente donde estarían volviendo a extraer mineral.

En otro sector, a escasos pasos de los bofedales, se encuentran dos bocaminas: una llamada “10 de noviembre” y la otra aún sin nombre. De ambas se extraen complejos mineralógicos, prácticamente estos minerales están a la vista en la entrada, de donde recogen y embolsan. Tres jóvenes realizan la operación minera. Por su apariencia no son del municipio. También se observa que ya existen desmontes sin manejo técnico, hacia abajo, están dos excavaciones para la construcción de un dique de colas, que están prácticamente a orillas de los ojos de agua.

Por información de los comunarios, en el municipio de Turco se cuenta con varios yacimientos mineralógicos: cobre en Itizani (Llallagua), muy cerca de la mina Cuprita; en Huallatiri y Larankawa oro, plata y plomo. Están Cuprita I y II, que operan desde hace años y actualmente exportan láminas de cobre en grandes cantidades. También en la misma zona están Leonardo, Leonardito y Fenorita, todas ellas con empresas chinas. También el de Azurita que extrae cobre, y la mina Capurata de azufre, en Chachacomani, entre otros que existen en la región.

Minería en expansión entre concesiones y dudas

En el caso específico de Huallatiri, el dueño directo es Luis Tapia, comunario y actual concejal de Turco, propietario de la empresa unipersonal “Listapunchuni”. Según sus declaraciones, cuenta con una concesión de 10 cuadrículas (250 hectáreas) y un contrato de 20 años. Tapia admite que inició operaciones en 2013, las detuvo por la baja en los precios de los minerales, y las reactivó en mayo de este año. Aseguró contar con documentos legales; actualmente menciona que está tramitando el Manifiesto Ambiental (esta licencia ambiental se la realiza cuando la mina ya está en operaciones). Explicó que se dedica a la extracción de (complejos) plata, plomo y zinc en bruto, que trasladará directamente a los ingenios. Varias empresas, entre ellas chinas, San Cristóbal y otros cooperativistas han demostrado interés en el yacimiento minero.

“Soy lugareño, de la comunidad. En mi sayaña está la mina. En ese entonces no existía la consulta previa; recién desde 2014 se aplica. Yo hice el trámite a raíz de que empresas grandes, incluso cooperativistas, querían ingresar a mi concesión porque entre 2011 y 2013 los precios de los minerales estaban altos. En ese tiempo trabajamos un año, aunque poco, porque yo no soy experto en minería. Había que traer gente del lugar, pero nunca pasamos de diez trabajadores.

Después de 2013 los precios bajaron y dejamos la actividad. En 2023 vino otra gente, que estaba en mi concesión. Un sábado los encontré trabajando, les mostré mis documentos, informé a las autoridades originarias y se retiraron. Quien los trajo fue mi vecino colindante, Crispín Mollo, que además tramita un contrato de arrendamiento grande: él tiene 24 cuadrículas. A partir de mi concesión, al norte y al otro lado, hay cobre, y allí quieren trabajar, afectando incluso cuatro de mis cuadrículas. Por eso empecé a actualizar mis documentos.

A raíz de eso reanudamos el trabajo en mayo de este año. En otro sector quería empezar un corte, pero no se puede trabajar porque hay mucha agua. Los regantes me llamaron a una reunión y les expliqué que esa parte no la voy a trabajar: está contaminada y con galerías colapsadas. Tal vez más arriba, donde se ve el desmonte, haya otra bocamina. Queríamos hacer unos estanques como dique de colas, pero los técnicos ambientales recomendaron no hacerlo allí. Seguramente ellos definirán dónde instalar la planta de tratamiento.

Existe interés de vecinos, de mis hermanos y de empresas en ampliar la mina como socios. Yo podría arrendar o hacer contratos, pero no quiero afectar. Si acepto, al final las comunidades me reclamarán a mí, no a la empresa. La empresa ganará dinero y se va a ir; yo seré quien se quede con todos los problemas. Como autoridad política, soy Concejal y tengo información de que la mina Cuprita extrae hasta 11 tráileres de cobre al mes, que ni siquiera pasan por Oruro. He pedido reportes a la Gobernación, pero solo entregan datos globales, no por empresa, y sus regalías son mínimas”, finalizó Tapia.

Turco Capital de la Ganadería Camélida de Bolivia

El municipio de Turco es reconocida por el gobierno boliviano como la Capital de la Ganadería Camélida de Bolivia según la Ley No 3157 promulgada el 25 de agosto del 2005, por su potencial en crianza de llamas y alpacas.

No es un municipio cualquiera. Cuenta por encima de las 243.000 mil cabezas de ganado camélido (Municipio de Turco, 2019), lidera la producción camélida en Bolivia. La economía de sus familias se basa en la crianza, el faeneo, la transformación de la carne y la elaboración de derivados. También destaca la producción de fibra y artesanías textiles.

La infraestructura productiva acompaña este potencial. En 2019 se inauguró un moderno matadero camélido con capacidad para faenar 250 animales al día, administrado de forma descentralizada y sostenible con recursos propios. En 2025 se dio un paso aún más importante, con la apertura de la Planta Industrializadora de Carne de Camélidos, equipada con tecnología de punta para obtener cortes especiales, charque industrial, embutidos, cuero, harina de hueso y fibra procesada. Además, esta planta incluye un laboratorio de mejoramiento genético, destinado a fortalecer la crianza e impulsar investigaciones en torno al colágeno de camélido.

Gracias a estos avances, Turco se ha consolidado como modelo de municipio productivo, liderando el manejo integral de camélidos, machajes con reproductores de calidad, carpas solares de deshidratación y comercialización en mercados de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz. El Gran Campeón Nacional “Sajama” un ejemplar de llama fue vendido a Chile en 60.000 bolivianos, lo que refleja el nivel alcanzado por los productores.

Voces que defienden el agua

El agua, vital para la ganadería y la vida comunitaria, es el centro de la preocupación. Feliza Marca Mama Awatiri, del Ayllu Sullka Pumiri, expresó:

“He subido por primera vez hasta este lugar de Huallatiri y he visto harta agua en los ojos de agua. Incluso de la mina está saliendo agua. Con la minería se puede contaminar y afectar a todas las comunidades que están abajo, y todos sabemos que el agua es vida. Si se contamina, se arruina todo. Por eso debemos protegerla, por la Pachamama. Para no dejar problemas a los que vienen después. Nosotros, como capital de camélidos, tenemos que defendernos, porque si se otorgan concesiones mineras no estaría bien para nosotros. Como capital de camélidos ya tenemos nuestros documentos en regla y debemos hacerlos respetar. También debemos conocer en qué estado están las otras minas y quién dio permiso para que ingresen”.

La continuidad de estas operaciones generará una seria preocupación ambiental, pues la cuenca de Huallatiri es un reservorio importante de agua para al menos siete Ayllus del municipio de Turco: Jilanaca, Collana, Jila Pumiri, Jacha Salli, Sullka Pumiri, Sullka Salli y Pata Collana.

Preguntas sin respuesta

La expansión minera en Turco plantea más interrogantes que certezas. Entre ellas:

  1. ¿Se cumplió con la consulta previa establecida en la Constitución?
  2. ¿Qué regalías ha recibido el municipio por estas explotaciones?
  3. ¿Son operaciones legales, unipersonales, cooperativas o ilegales?
  4. ¿Qué volúmenes y minerales se explotan realmente y se reportan a las autoridades?
  5. ¿Qué control ejercen el Viceministerio de Medio Ambiente, la Gobernación y el municipio?
  6. ¿La AJAM ha emitido informes claros sobre las empresas asentadas en zonas ganaderas?

Una advertencia que no se debe ignorar

La experiencia de otras regiones es un recordatorio. En Chuquiña, donde antes se criaban los mejores ovinos, la minería dejó un desierto improductivo. Por esa experiencia, Challapata ya se opuso terminantemente a la expansión minera en su territorio.

Hoy, Turco enfrenta el mismo dilema: apostar por la continuidad de su modelo productivo camélido o ceder terreno a una minería que, según denuncian comunarios y organizaciones locales, “no tiene límites ni escrúpulos”.

Turco, vanguardia de la ganadería camélida en Bolivia y el mundo, se encuentra en una encrucijada. El futuro de sus bofedales, de su agua y de su economía dependerá de la capacidad de sus comunidades, autoridades y sociedad civil para frenar un avance minero que ya dejó huella en otras regiones. Organizaciones locales advierten que la expansión minera podría significar un “nivel de contaminación muy fuerte” con consecuencias directas para la ganadería camélida, principal actividad económica de la región.

Turco es reconocido como la capital de la ganadería camélida de Bolivia y “el avance de operaciones mineras amenaza bofedales, praderas y comunidades en una zona estratégica para el agua y la ganadería”.

 Norma Mollo Mollo

 CEPA