
En los ambientes del Centro de Ecología y Pueblos Andinos (CEPA), este viernes 12 y sábado 13 de septiembre, se reunieron las mujeres artesanas de las comunidades Uru del lago Poopó de Llapallapani, Vilañeque y Puñaca Tintamaría, que están en el departamento de Oruro. El taller, liderado por Alicia Cuiza, busca fortalecer la participación política de las mujeres indígenas, visibilizar sus aportes comunitarios y reflexionar sobre las demandas que aún esperan respuesta en el ámbito local y nacional.
La actividad tiene un trasfondo crucial: la pérdida y contaminación del lago Poopó, fuente de vida y sustento histórico para el pueblo Uru. Esta crisis ambiental ha empujado a muchas familias a reinventarse a través de la artesanía, elaborando sombreros, chompas, aretes, balsas, llaveros y tejidos en totora, productos que representan la resiliencia cultural frente a un contexto adverso.
“Antes vivíamos con el lago, pero ahora está contaminado totalmente. No tenemos lago. Ahora somos artesanas, tenemos que luchar por nuestros hijos”, expresó la señora Angélica Flores, una de las mujeres participantes.

La artesanía, sin embargo, no siempre encuentra espacios justos de comercialización. “Vendemos gracias al apoyo de CEPA, pero no tenemos un puesto fijo; a veces nos botan cuando intentamos vender”, lamentó Angélica, quien sueña con un espacio estable donde su trabajo sea valorado.
Además de rescatar la memoria histórica del pueblo Uru, el taller aborda temas como la discriminación, la crisis hídrica y los efectos de la minería en los territorios. Estos encuentros también sirven de preparación para el próximo “Encuentro Nacional de Mujeres de Tierras Altas y Bajas”, que se realizará en Cochabamba el 25, 26 y 27 de septiembre, donde las representantes Uru llevarán sus propuestas y demandas.

La preocupación por el futuro de los hijos es otro motor de lucha. Muchas mujeres Urus sueñan con que sus niñas y niños puedan acceder a estudios, algo que ellas no tuvieron. “No quisiera que mis hijos sean como nosotros, que vivíamos solo del lago. Ahora queremos que estudien”, afirmó Angélica.
Entre la esperanza y la dura realidad, las artesanas Uru levantan su voz para defender su cultura y exigir un ambiente sano. La totora que aún recogen, machacan, trenzan y transforman en sombreros, es símbolo de resistencia: un tejido vivo que conecta la memoria ancestral con la urgencia de proteger la tierra y el agua.

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