Nº49: ¿Quién fue y qué hizo el Padre Santiago Monast omi?, 16-4-14

¿Quién fue y qué hizo el Padre Santiago Monast omi?

Jueves Santo, 17 de abril de 2014. Hace un año, en 2013,  el Padre Santiago MONAST murió, dejándonos una serie de dichos y relatos sobre su actuar y vida. ¿Qué dijo, escribió y hizo este hombre que consideró a si mismo siempre en primer lugar como misionero de (ahora Jach’a) Carangas, mayormente del extenso territorio de la marka de Turco y de la provincia Sajama?

Padre Santiago nació el 2 de enero de 1926 en el Canadá con el nombre de Jacques-Emile Monast. Llegó a Bolivia como misionero Oblato en 1954, hace 60 años. Pasó la mayor parte de su vida en Carangas, en Corque, Huayllamarca (desde 1957) y Turco (desde 1966), donde fue misionero durante más de treinte años. Posteriormente acompañó a algunas familias de Turco a la zona tropical de las Yungas y pasando por Cochabamba, llegó a Llallagua.  En 2009, gastado y debilitado, después de sus últimos  años de servicio pastoral en la región minera, volvió a su país natal. Ahora, desde un año ya no está entre nosotros, pero su memoria sigue viva.

Con olor de llama y oveja.

Lo que más se recuerda del Padre Santiago son sus caminatas a veces durante semanas, de pueblo a pueblo, a pie, hasta la frontera con Chile, para proclamar el mensaje del Evangelio y atender pastoralmente a las comunidades. Vivió, comió y durmió en las casas en los pueblitos e estancias aymaras. En todos partes estaba bienvenido; de todos se recordaba el nombre y el apellido. Invitaba a toda la población a sus charlas bíblicas y al mismo tiempo siempre estaba atento a encontrar líderes  como animadores de la comunidad local.

Conocer para entender.

La cercanía de la gente y su memoria extraordinaria permitió a Santiago acumular un conocimiento amplio de muchos aspectos de historia oral y la vida cotidiana de la región. A pedido del Padre General de los Oblatos llegó a elaborar un texto amplio que fue publicado como libro en francés, italiano y castellano en Canadá, México, Francia, Italia y Argentina. Sigue siendo una fuente valiosa de datos etnográficos y religiosos de los años 60 en  lo que antes fue “la provincia de los Carangas”. A base de estos conocimientos, el Padre Santiago  planteó preguntas socio-culturales e interreligiosas fundamentadas que en aquel tiempo impactaron en las discusiones, cuestionamientos y propuestas para el actuar de la Iglesia con los pueblos indígenas.

Las deficiencias de la cristianización.

La mayor preocupación del Padre Santiago fue que los “cristianos aymaras” de hecho muy poco sabían de Cristo como salvador y ejemplo a seguir en dar su vida para los demás. Criticó la manera en que la Buena Nueva había llegado en forma distorsionada a los pueblos, por estar ligada de la Conquista y un proceso de colonización, mediante obligaciones, amenazas con castigos y fiestas de santos. Según él, más que revelar el mensaje del Evangelio, las prácticas religiosas introducidas han ocultado la centralidad del Cristo histórico y resucitado para la vida cristiana. Por el otro lado, Padre Santiago respetó, pero no valoró positivamente las expresiones religiosas ancestrales. Desde su optimismo misionero (y a pesar de conocer la historia de los 500 años de resistencia) estaba convencido de que iban a desaparecer, de por si, en la medida en que se conozca a Cristo, su vida, muerte y resurrección. Con las Iglesias evangélicas y sus pastores mantuvo siempre una relación positiva. Estaba orgulloso poder demostrar que tenía un mejor conocimiento de la biblia que ellos.  Hace 50 años organizó una celebración ecuménica en la plaza, el día 6 de agosto, como oración común para la Patria; evento que se sigue celebrando en Turco cada año.

Al servicio del pueblo.

Padre Santiago estudió mucho. Cuando estaba en Turco, pasó muchas horas en su biblioteca – mayormente bíblica y teológica, pero también sobre el mundo andino – y  compartió la casa y la mesa con Don Melquiades, un anciano ciego y sabio, su “maestro”. Su gran desafío fue: ¿cómo reconciliar la formación teológica clásica que había recibido en el Canadá con la renovación de los estudios bíblicos, la creatividad de la teología y Iglesia latinoamericana y la experiencia religiosa aymara de su pueblo? No llegó a una síntesis. Reconoció los grandes valores humanas y cristianas que vive el pueblo. Aceptó que como sacerdote atendió solamente una parte de la vivencia religiosa de sus feligreses. Y se identificó con la “opción por los pobres”. Su compromiso personal con la población de Turco fue a nivel de la salud y la educación. Fue el impulsor de la renovación de la escuela y de la construcción del colegio “Canadá” y de la posta sanitaria. Trabajó no solamente con la alcaldía, sino también con el corregimiento y de preferencia con las autoridades originarias de los ayllus y sus pueblitos.

Hacia una Iglesia Aymara.

Su cercanía con el pueblo y su inquietud teológica llevó al Padre Santiago a proponer, junto con sus compañeros misioneros, los padres  Amada Aubin y Luciano Lachance, un modelo de Iglesia renovado y contextualizado. Dio mucha importancia a los líderes locales como encargados directos de sus comunidades. A estos “catequistas” dio le mayor reconocimiento y la mayor responsabilidad posible y mantuvo la esperanza que la Iglesia iba a seguir por este camino. Por el otro lado, soñó con un grupos de “misioneros” que continuamente visitarían a las comunidades para atenderlas pastoralmente, animarlas, dar formación, convocarlas e incentivarlas al compromiso con su pueblo. Es el modelo de agente de pastoral que el mismo practicó y vivió.

No todo lo que propuso el Padre Santiago se ha podido cumplir. Sin embargo tiene razones por estar satisfecho. El padre Lucas Chambi, originalmente “catequista”, sigue trabajando como sacerdote en la región; la experiencia de los diáconos permanentes locales sigue vigente y junto con sacerdotes diocesanos y religiosas, dos jóvenes sacerdotes Oblatos y Aymaras (Calixto Mamani y José Ayala), viven y trabajan como misioneros con su propio pueblo de Jach’a Carangas. Quedan pocos “catequistas” de aquellos tiempos, pero siguen fieles a su mandato. Además actualmente, más que nunca, se organizan encuentros de las comunidades a nivel de parroquias y regiones. Los encuentros, “concentraciones” o asambleas anuales, que se iniciaron en 1969, se extendieron a nivel diocesano. La mayor esperanza está en la participación de jóvenes, interesados en continuar el compromiso eclesial de los mayores, pero en un nuevo contexto socio cultural, económico y político. Más que nunca se requiere una Iglesia con identidad Aymara y comprometida con los nuevos desafíos que se presentan a las markas y ayllus que tienen crecientes contactos con los centros urbanos, el país y el mundo.

Gilberto Pauwels, omi
CEPA

  • Hacia una Iglesia Andina al servicio del pueblo. Oruro, CEDIPAS – Centro Diocesano de Pastoral Social, serie “Fe y Compromiso” Nº 10, 1989, 84 pp.
  • MONAST J. E. Los Indios Aimaraes ¿Evangelizados o solamente bautizados? Buenos Aires – México, Carlos Lohlé, 1972, 402 pp.

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